
Todas las fotos de dicha serie fueron tomadas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, desde el año 2021 hasta el 2024 en diversas movilizaciones populares, principalmente en las marchas del 24, donde se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
El proyecto busca dar testimonio de dos ejes principales: por un lado, el sabor de encontrarse con los demás en las manifestaciones y, por el otro, el sabor de la famosa comida de marcha. Estos ejes se entremezclan a lo largo de toda la serie, en un juego de imitación con los cuerpos que colman las calles en defensa de una causa común.
Las marchas, sobre todo la del 24 de marzo, son una ocasión para mirarnos a los ojos con los que tenemos al lado, sonreír, gritar, cantar y lagrimear, todo en una misma tarde. Son también un espacio de cobijo, de lucha y de construcción de empatía e identidad, una experiencia colectiva de la cual uno siempre sale mejor de lo que entra.

A su vez, como gran parte de los espacios de encuentro en nuestra cultura, están atravesadas por la comida. Además de ser necesaria para aguantar toda la jornada, la comida forma parte del clima festivo, del compartir con un otro. Pero, sobre todas las cosas, estos espacios son una gran oportunidad para distintos dispositivos de la economía popular que se ponen en movimiento: agua, choripanes, hamburguesas, garrapiñadas, cerveza, fernet, sánguches de milanesa, incluso pequeñas conservadoras con comida vegana, configuran esta changa, esta chance para muchos de hacerse unos pesos extra.
En definitiva, lo que busca el proyecto, entre otras cosas, es apropiarse de un dicho peyorativo de la cultura argentina que reza que los manifestantes van por la coca y el choripán, no por convicción propia y hacerle una toma de judo para ponerlo en valor. Darle una dimensión celebratoria -por qué no también estética- a lo que para cierto sistema de valores y cierta mirada de clase es desagradable, convertirlo en una insignia de pertenencia, hacerlo nuestro: pobres los que no puedan disfrutar de la alegría, la bronca y la tristeza compartida; los que no sonrían al ver un cochecito de bebés lleno de sánguches de milanesa a la venta; los que no sepan brindar al rayo del sol tamizado por el fino humo blanco del choripán con una coquita bien helada mientras suenan cantos, bombos y platillos.













