Categoría: Santiago Crime

  • Los Países Sangrantes

    Los Países Sangrantes

    En la República Dominicana, la fe no es solamente una creencia: es un gesto, una puesta en escena, un acto performático cotidiano donde el cuerpo se convierte en territorio de disputa entre lo sagrado, lo pagano y lo heredado. Este ensayo fotográfico explora ese espacio ambiguo donde el fanatismo religioso, el ocultismo popular y el carnaval dominicano dejan de ser expresiones separadas para revelar su naturaleza común: todas son rituales de transformación.

    Las imágenes observan cómo el performance religioso y el performance carnavalesco comparten una misma estructura simbólica: ambos utilizan el disfraz, la repetición, el trance colectivo y la representación del bien y del mal. En la iglesia, el cuerpo se somete a la salvación; en el carnaval, el cuerpo se entrega a la liberación. En ambos, el diablo nunca desaparece: sólo cambia de máscara.

    El diablo aquí no es solamente una figura folklórica ni un enemigo teológico. Es una presencia constante que revela la paradoja de una sociedad profundamente cristiana pero obsesionada con su representación. Aparece en los cachúas, en los guloyas, en las máscaras, en los sermones, en los gestos de miedo y también en los de placer. Es un símbolo que demuestra que aquello que se intenta expulsar también define la identidad.

    Este trabajo también observa las grietas culturales donde nuevas influencias se infiltran silenciosamente. Entre banderas dominicanas aparecen símbolos importados, imaginarios visuales del evangelicalismo norteamericano, estéticas mediáticas globalizadas y formas de religiosidad que responden más a modelos anglosajones que a las espiritualidades sincréticas caribeñas que históricamente han definido la identidad dominicana.

    Hay una tensión silenciosa entre lo ancestral y lo importado. Entre los rezos heredados y los discursos traducidos. Entre los tambores que desaparecen y los altavoces que predican en otro idioma simbólico.

    Las fotografías sugieren una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando una cultura comienza a olvidar sus propios rituales mientras adopta nuevas formas de creer?

    Más que denunciar, este ensayo observa. Más que juzgar, registra. Funciona como un archivo visual de un momento donde la identidad dominicana parece debatirse entre la preservación y la sustitución.

    Aquí, el carnaval deja de ser sólo celebración para convertirse en resistencia. El ocultismo deja de ser marginal para convertirse en memoria. Y la religión deja de ser únicamente fe para revelarse también como espectáculo.

    Las diez imágenes funcionan como fragmentos de un mismo ritual: el ritual de una identidad que aún no decide si quiere recordar o desaparecer.

    Santiago Alejandro Crime Ortiz es realizador audiovisual, editor y fotógrafo dominicano. Formado en Cine y Multimedia en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) de la República Dominicana, desarrolla una práctica centrada en el cine de autor, el documental experimental y la búsqueda de nuevas formas narrativas, con una sensibilidad estética marcada por el minimalismo y la exploración del silencio.

    Su trabajo ha sido reconocido en diversos festivales internacionales en Argentina, Chile, Paraguay, España y la República Dominicana, donde sus películas han recibido premios y distinciones por su propuesta formal y su compromiso temático.

    Ha profundizado su formación a través de talleres y programas dirigidos por destacadas cineastas del cine contemporáneo latinoamericano, entre ellas Invasión Cine, Rai María Pérez y Lucrecia Martel, experiencias que fortalecieron su mirada crítica, su dirección de actores y su concepción del lenguaje sonoro como espacio dramático.